viernes, 9 de septiembre de 2011

Gargarish; manicomio a la sombra de una guerra.

Interno en una sala de aislamiento del centro. Manu Brabo

El barrio de Gargarish está pegado a la costa de Trípoli. Callesmal asfaltadas y aceras rotas –como casi todas aquí-, pero extrañamente limpio respecto a la tónicageneral de la capital libia. En el centro del barrio, en un antiguo cuartel del ejercito británico se encuentra el centro de atención psiquiátrica de la ciudad. Aquí se trata aunos 250 internos y se procura hacer seguimiento sobre muchos otros enfermos que residen fuera del hospital; hasta 1000.

Paciente en el pabellón femenino para enfermos crónicos. Manu Brabo.

El doctor Ahmed Kara, capitán de esta frágil nave, es un hombre grande de gesto alargado y ojos saltones sobre profundas ojeras. Sonrisa fácil y carcajada sonora, nada parece robar el buen humor a este psiquiatra licenciado en Gran Bretaña, ni siquiera la absoluta carencia de medios del centro o el sigiloso incremento de pacientes debido a la guerra civil que se libra aquí desde hace 6 meses. Estrés post traumático, ansiedad, esquizofrenia y depresión, son entre otras las enfermedades mentales que predominan en estos días de tiroteos y miedo en el cuerpo.

El Doctor sonríe recorriendo con la mirada a los invitados extranjeros: “Los problemas aquí no se deben solo al conflicto…”, comienza. “Esto viene de mucho antes…” Aquí, como en muchos otros lugares de mundo, los manicomios son solo cárceles para locos. En un paño caliente que oculta a los estigmatizados, a los “shij” (los poseídos por malos espíritus), a los que se quiere olvidar. Como en muchos otros lugares del mundo,aquí el problema no solo es de atención estatal, si no también de prejuicio social: una superstición.

Interno dentro de una de las salas de admisión del centro. Manu Brabo

“Falta recursos, faltan medicinas, faltas especialistas (…) ¡Estamos en la mierda hermano” Comenta con un marcado acento británico, mientras enciende un cigarrillo. “La comida se recibe de la gente del barrio y las restricciones tambiénnos están afectando”. Parece que la batalla de Trípoli afecta a todos por igual y no entiende de necesidades, ni de enfermedades.

Ahmed lleva 17 años trabajando en este centro y hasta enero de este año, cuando el gobierno subió los sueldos a todos los médicos del país, su sueldo nunca superó los 450 dinares, menos de 300 euros. Ahora su sueldo es de 1500, según el porque “…Gaddafi solo quería evitar que los médicos se levantaran también contra el.” NO o consiguió. Los fondos de los que dispone el centro, son bajos y el seguimiento a los pacientes exteriores se hace prácticamente imposible. “¿Cómo demonios vas a ir a la casa de un paciente cuando en esta ciudad casi ninguna calle tiene nombre? ¡No hay direcciones!”.


Dos enfermos en uno de los pabellones del psiquiátrico. Manu Brabo

Viéndolo ahí, sentado en su mesa sin perder la sonrisa ante tantos años e adversidad, uno no duda: sin duda, nos encontramos ante un buen hombre, ante un luchador, ante un tozudo. Bien sabe él que los tiempos que vienen serán peores, aún hay mucho que hacer después de la guerra, y este tipo de heridos, suelen quedarse aislados, marginados.“Dentro de seis meses será peor, empezarán a aparecer todos los afectados por la guerra y no daremos abasto”.

De nuevo una sonrisa a los visitantes y una frasepara despedida. “Amigo, no esperamos que la cosa mejore, pero tenemos que avanzar siendo lo que somos”

Internos en el pabellón de enfermos crónicos. Manu Brabo

3 comentarios:

  1. Excelente reportaje, no puedo decir otra cosa.

    Un abrazo.

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  2. Me ha parecido excelente el retrato que has hecho del Doctor Ahmed, la verdadera fortaleza se demuestra con una sonrisa en momentos de adversidad. En cuanto a las fotografiás todas son extraordinarias.

    Enhorabuena y muchas grácias por compartirlo.

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  3. me estremecen estas fotos, uf, esto si es la guerra, enhorabuena Manu.Abrazos desde Babilonia

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